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Wednesday, 13 May 2026

Los niños del Dresden




El orfanato irlandés de Capilla del Señor y las vidas que la historia olvidó

En mayo de 1891, mientras el fracaso de la colonia de Napostá se convertía en un escándalo en los medios de la época, un diario de Buenos Aires publicó una breve frase que hoy adquiere una dimensión enorme:

the boys have been located in an orphanage in Calle Cochabamba under the care of a committee of Irish ladies.

Detrás de esa línea había niños de las familias que habían llegado dos años antes a bordo del Dresden. Habían vivido en carne propia todos esos primeros días de arribo al puerto de Buenos Aires, habían viajado al medio de la nada, solo con puesto, para montar el proyecto de colonia que prometía tierras, prosperidad y una nueva vida en la Argentina. 

Algunos de estos niños habían perdido a sus padres. Otros habían sido separados de sus familias por la pobreza, las enfermedades o el abandono mismo.

Ese orfanato de la Calle Cochabamba sería el origen del Colegio Fahy.

Más de un siglo después, los nombres de algunos de esos chicos todavía pueden encontrarse en el Censo Nacional de 1895, registrados en Capilla del Señor junto a Sor Catalina de Cristo Dowling.

En el sitio de la Asociación de Señoras de San José (link del sitio) puede leerse una breve historia institucional sobre la llegada de inmigrantes irlandeses a la Argentina y la creación de una obra destinada a asistir a niños huérfanos. El texto conserva una memoria profundamente valiosa, aunque mezcla fechas, cifras y nombres.

La narración afirma que el barco llegó el 8 de febrero de 1889 y menciona al “City of Dresden”. Sin embargo, las listas de pasajeros y la documentación contemporánea sitúan el arribo del Dresden en Buenos Aires el 15 de febrero de 1889.

También aparecen exageraciones numéricas y simplificaciones inevitables en una memoria transmitida durante generaciones. Pero detrás de esas imprecisiones hay un núcleo histórico indiscutible: el recibimiento de los inmigrantes fue caótico: el proyecto colonizador de Napostá terminó en desastre, muchas familias quedaron en la miseria, familias que se separaron y disgregaron, hubo niños huérfanos o abandonados y la comunidad irlandesa y angloargentina fue la que organizó una red de ayuda concreta para asistirlos.

En mayo de 1891, el Liverpool Mercury publicó extractos del informe del vicecónsul británico Charles Ansell sobre la colonia de Napostá. El cuadro era devastador: malas cosechas, herramientas insuficientes, reducción de raciones, endeudamiento imposible de sostener y prohibiciones absurdas que impedían a los colonos salir a buscar trabajo cuando no tenían nada que hacer en la colonia.

El informe hacía referencia a 76 familias (397 personas) atrapadas en un sistema que prácticamente había colapsado. Las deudas superaban ampliamente el valor de las tierras y los colonos denunciaban haber sido tratados injustamente.

Argentina por ese entonces, entre mediados de 1889 y 1891, cae en una crisis económica fuertísima y una revolución con cambio de gobierno incluido que no hacía más que complicar todo el cuadro antes descrito.

Otro artículo del Irish Times resumía crudamente el problema:

The Argentine Government agents induced the poor people to leave home under false promises.

El sueño agrícola prometido a cientos de inmigrantes irlandeses e ingleses se había transformado en hambre, enfermedad y desintegración familiar.

Las noticias de la época mencionan además muertes por privaciones y enfermedades. La disentería aparece repetidamente en distintos testimonios vinculados a Napostá y a los primeros meses posteriores al desembarco.

Frente al colapso de Napostá, comenzó una vez más a organizarse una red de ayuda impulsada por el Consulado Británico, miembros de la comunidad irlandesa y distintas instituciones religiosas y benéficas de Buenos Aires.

Las noticias de 1891 muestran que la asistencia no fue improvisada ni marginal. Hubo reuniones públicas, colectas, campañas en la prensa y coordinación con el gobierno argentino.

En uno de los artículos más importantes de toda esta historia, The Standard relató el traslado de familias sobrevivientes a nuevas colonias en Santa Fe y Entre Ríos, y agregó un dato fue la piedra fundamental del colegio Fahy:

the Irish nuns hospitably received some of the little girls gratis, and the boys have been located in an orphanage in Calle Cochabamba under the care of a committee of Irish ladies.

La noticia permite además identificar a varias de las mujeres involucradas en la organización y financiación de la institución: Maria M. de Mulhall, Mrs. Thomas Duggan, Mrs. Hanly, Mrs. O’Farrell, Mrs. Nelson y Miss Ryan entre otras.

La red de socorro no fue solamente irlandesa. Participaron también miembros de la comunidad inglesa y figuras argentinas vinculadas al sistema migratorio y a instituciones de beneficencia.

La documentación contemporánea permite afirmar que el colegio Fahy nació primero como una respuesta de emergencia frente a la crisis de los inmigrantes del Dresden.

El 24 de mayo de 1891, The Standard publicó una nota titulada The Boys’ Orphanage donde aparece formalmente el nombre “Fahy School for Irish Boys”, ubicado en Cochabamba 146, Buenos Aires.

La publicación reproduce incluso una carta enviada por Maria Mulhall a Juan Alsina, Comisario General de Inmigración, agradeciendo una donación oficial de 4.000 pesos moneda nacional para sostener el orfanato, què aproximadamente a plata de hoy serían entre USD 60.000 y USD 70.000 (según la inflación histórica estadounidense de largo plazo).

La donación realizada por el gobierno argentino en 1891 representaba, más allá de la actualización, una suma enorme para la época como para sostener durante meses el funcionamiento del orfanato.

También se detallan los aportes económicos, los nombres de los donantes, la apertura de una cuenta bancaria y las instrucciones para solicitar vacantes para los chicos.

Todo esto muestra que el Fahy no surgió inicialmente como un colegio tradicional, sino como una institución creada para contener a niños afectados por una crisis concreta directamente relacionada con la historia del Dresden y el cierre de la colonia de Napostá.

Años más tarde, el establecimiento sería trasladado a Capilla del Señor.

Sor Catalina y el Fahy de Exaltación de la Cruz

Las reconstrucciones posteriores suelen mencionar a “Mother Catherine Dowlan” como responsable del colegio de Capilla del Señor. 

La documentación de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José identifica a la superiora como Sor Catalina de Cristo Dowling, quien asumió la conducción de la casa desde abril de 1893 (https://pobresbonaerensesdesanjose.com/storage/2022/09/Exaltacion-de-la-cruz-1893.pdf).

El establecimiento fue concebido como colegio de huérfanos irlandeses, espacio educativo y casa de asistencia para chicos afectados por la crisis migratoria.

En el Segundo Censo Nacional de 1895, realizado en Exaltación de la Cruz, vuelve a aparecer Sor Catalina de Cristo Dowling acompañada por una larga lista de niños irlandeses e ingleses alojados en la institución.

Esta lista del censo de 1895 incluye decenas de chicos:

  • Mauricio Hickey

  • Miguel José Lamb

  • Orourk Lamb

  • José O’Sullivan

  • Timoteo Mac Namarra

  • Juan Ward

  • Santiago Ward

  • Miguel Murphy

  • Juan Farrel

  • José Farrel

  • Eugenio Carney

  • Ricardo Kiernan

  • James Nally

  • Francisco Caffrey

Al cruzar esos nombres con la lista de pasajeros del Dresden, comienzan a aparecer coincidencias extraordinarias.

Mauricio Hickey coincide casi perfectamente con Maurice Hickey, un niño de cuatro años que viajó junto a Michael y Kate Hickey en 1889.

Timoteo Mac Namarra parece corresponderse con Timothy McNamara, hijo de Michael y Bridget McNamara.

Los casos de Miguel José Lamb y “Orouk” son todavía más sorprendentes: en el manifiesto del Dresden aparece una familia Lamb con los niños Joseph Lamb y Orourk Lamb. La rareza del nombre “Orourk” convierte ese cruce en una coincidencia extremadamente fuerte.

También aparecen posibles correspondencias para los hermanos Ward, varios O’Sullivan y distintos chicos Murphy y Farrell.

No todos los casos pueden cerrarse documentalmente. Algunos apellidos aparecen deformados, castellanizados o mal transcriptos. Pero el patrón general resulta difícil de ignorar: los niños del Fahy parecen ser, en muchos casos, los hijos de las familias que habían llegado a bordo del Dresden.

Mauricio Hickey: una vida después del Dresden

Décadas después del censo de 1895 aparece un presbítero llamado Mauricio Hickey desarrollando actividad pastoral en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.

La Guía Eclesiástica de la República Argentina de 1915 ya lo menciona como teniente cura en Lomas de Zamora.

Más tarde aparece como párroco en Salto, impulsando obras educativas, proyectos comunitarios y la creación de una Escuela y Banda Municipal en 1929.

También dejó huella en Temperley, donde promovió instituciones parroquiales y educativas vinculadas a Nuestra Señora de la Piedad y a la futura Escuela de Comercio Tomás Espora.

Cronológicamente, todo encaja de manera notable con el niño Maurice Hickey del Dresden y con el Mauricio Hickey registrado en el Fahy de Capilla del Señor en 1895.

Todavía no apareció el documento definitivo que permita afirmar que se trata de la misma persona.

Pero la convergencia biográfica, temporal y onomástica es demasiado fuerte para ignorarla.

Un niño inmigrante posiblemente huérfano terminó convertido, quizás, en sacerdote, educador y constructor de comunidad.

Pero sus padres no aparecen en registro alguno en Argentina. Hay una pista que podría ubicarlos en Estados Unidos en un registro de un nuevo nacimiento algunos años más tarde. Serían ellos? Habrían dejado al cuidado del Fahy a Mauricio y ellos re-emigrado? Ya lo sabremos.

La historia del Fahy School obliga a mirar el episodio del Dresden desde otro lugar.

No solamente como una experiencia migratoria fallida.

Sino también como una historia de infancia, desarraigo y supervivencia.

Detrás de cada apellido del censo había un chico que atravesó uno de los episodios migratorios más traumáticos de la historia irlandesa en la Argentina.

Muchos perdieron a sus padres.

Otros quedaron atrapados entre idiomas, instituciones y mundos desconocidos.

Y sin embargo, algunos lograron reconstruir sus vidas.

El Fahy no fue solamente una escuela.

Para muchos de esos chicos, fue probablemente la frontera entre el abandono y una segunda oportunidad.


Monday, 20 April 2026

Una carta y más pistas



Esta es la nota publicada en el Southampton Observer and Hampshire News el 20 de abril de 1889. La rescato en este este anexo por la importancia y la riqueza de su testimonio.

20 ABR 1889 - SOUTHAMPTON OBSERVER CARTAS IMPORTANTES DE EMIGRANTES DE SOUTHAMPTON A BUENOS AIRES

La siguiente carta, escrita por un antiguo y conocido vecino de Southampton que emigró a Buenos Aires hace unos tres meses, y dirigida a un amigo en Southampton, nos ha sido entregada para su publicación en el *Southampton Observer*

Buenos Aires, 10 de marzo de 1889.

Querida Sra. ———.—Sin duda estará usted esperando recibir noticias de nosotros, los exiliados, sobre cómo hemos progresado hasta ahora y un relato de nuestro viaje, etc. He llevado un registro fiel de todo ello en mi libreta de bolsillo, anotando los diversos acontecimientos —interesantes o no— a medida que ocurrían. Me permito guardarlos allí hasta mi próxima carta, que seguirá pronto a esta. En esta me limitaré a los sucesos ocurridos desde nuestra llegada, deteniéndome solo para expresar nuestra profunda gratitud por la espléndida despedida que nos dispensaron en los muelles de Southampton, cuando nos despedimos de tantos amigos queridos y también de la vieja patria. Lamento mucho no haber podido distinguir su rostro entre los miles de caras reunidas allí. Lo sentí profundamente, pues me habría gustado mucho ver a una amiga tan querida en ese último momento.

Tuvimos un viaje espléndido (cuyos detalles recibirá usted más adelante) y echamos ancla en el río de la Plata a la 1 de la tarde del 15 de febrero. Desembarcamos el 16 a las 10:50 de la mañana en un pequeño vapor fluvial, en el que aún tuvimos que recorrer otras catorce millas. Vimos al *Atrato* en cuarentena, del que afortunadamente nos libramos, pues llevábamos un certificado de sanidad limpio. Llegamos al muelle de desembarque (no se puede llamar embarcadero) alrededor de la 1 de la tarde y nos condujeron a lo que llaman el Hotel de Inmigrantes, el lugar más sucio y miserable en el que me ha tocado vivir.

Habían desembarcado 4.000 italianos en los dos días anteriores a nuestra llegada, el lugar estaba lleno y, como no nos esperaban hasta varios días después, no había ninguna previsión para nosotros ni ningún tipo de alojamiento. Lograron darnos algo de comida alrededor de las 6 de la tarde y eso fue toda la atención que recibimos. No teníamos dónde dormir ni adónde ir; de hecho, no era seguro alejarse demasiado. Muchas mujeres y niños pasaron la noche sobre las mesas y bancos del comedor; cientos de nosotros dormimos en el pavimento del patio abierto; otros cientos caminaron por las calles. Todos estábamos hambrientos y desdichados, pero afortunadamente no hacía frío.

Al día siguiente conseguimos techo, pues varios italianos se habían marchado; ocupamos sus literas vacías (miserables armazones de madera, parecidas a las de los buques pero sin colchón ni nada). Como nuestro equipaje de cama había quedado con el resto del equipaje a bordo del “Dresden” y no nos llegó hasta el jueves siguiente, tuvimos que conformarnos con lo que había, y lo que había era malo. Había ratas, ratones, chinches, pulgas y esos otros bichos innombrables de espalda gris que tienen una afición extraordinaria por el cuerpo humano. ¡Uf! No le contaré más sobre este lugar inmundo.

Por malo que fuera, tuvimos que quedarnos allí hasta encontrar trabajo o habitaciones en hoteles, algo que la gran mayoría de nosotros no podía permitirse. Las mujeres y muchachas solteras fueron tomadas de inmediato, y también la mayoría de los hombres solteros. Yo no tuve mucha dificultad para encontrar trabajo, pero la paga no se parece en nada a lo que nos habían prometido, y conseguir alojamiento para familias es casi imposible. Los sufrimientos de algunas mujeres y niños desde el desembarco han sido terribles, y de no ser por la bondad de unos pocos residentes ingleses e irlandeses habrían muerto de hambre, pues a todos nos echaron del hotel el quinto día, tuvieran o no adónde ir, y cada uno quedó abandonado a sus propios recursos.

Se formó apresuradamente un comité con los mencionados residentes ingleses, se habilitó un gran galpón de vacas con paja limpia para dormir, se repartió abundante comida y té para las mujeres y niños, leche, pan, etc., y se hicieron gestiones para conseguirles trabajo. Se organizó también un plan de colonización, se compró tierra y se envió a muchos de los que no encontraban otro empleo. A mí me aconsejaron fuertemente que no me sumara a ese plan, por lo que me quedé aquí.

Le adjunto un recorte de periódico (de un diario impreso aquí en inglés, *The Standard*), que habla de nuestra llegada y de lo felices que estamos. Pero temo, querida Sra. ———, que todos estos detalles desordenados y miserables la cansen, y sin duda usted ya habrá oído algo de todo esto, pues varios de nuestro grupo regresaron en el primer barco que pudieron conseguir.

Creo que ahora todos estamos ubicados de una forma u otra. Mi hermano consiguió un puesto de capataz de albañiles en un nuevo ferrocarril en Córdoba, a unas mil millas tierra adentro. Fue por recomendación del vizconde de Bondy, el embajador francés, con cuya hija mayor se fue a vivir. Su segunda hija está aquí con el jefe de oficina de la firma donde él trabaja, y Charlie, el hijo, está conmigo en la misma tienda y vive conmigo.

Yo mismo, como ya dije, no tuve mucha dificultad para encontrar trabajo para mí y para él, pero ¡qué dificultad para conseguir un lugar donde vivir! Mi patrón, que por cierto es inglés, mandó a un hombre que hablaba español conmigo para buscar alojamiento, y caminamos dos días sin éxito; nadie quería aceptar niños a ningún precio: esa es la costumbre aquí. Al fin encontramos este lugar donde estoy escribiendo: dos cuartitos, una pequeña cocina con estufa de carbón vegetal y un patio trasero de unos 8 pies por 8 pies, por el que tengo el privilegio de pagar 34 dólares al mes. No tengo un estante, un armario ni nada, ni siquiera un clavo donde colgar el sombrero por esa suma. Los pisos son de ladrillo y húmedos, pero el agua es buena, y eso es una bendición aquí, y el lugar es solo para nosotros. Sin duda lo haremos más confortable en cuanto pueda saldar las deudas que me he visto obligado a contraer. Aquí todos los alquileres se pagan por adelantado y por mes, y debo confesar que estaba casi en la ruina y se lo mencioné a mi nuevo patrón, quien, sin la menor vacilación, me entregó la suma que necesitaba.

Mi paga es de tres dólares por día, pagados quincenalmente; esa es más o menos la mejor paga que hay aquí. Un dólar vale actualmente 2 chelines y 6 peniques. Charlie gana 2½ dólares, y tenemos que proveer nuestros propios bancos de trabajo, nuestras propias prensas, ollas de cola, etc., y estas cosas cuestan aquí más de diez veces lo que valen en casa. Hay varios ingleses en nuestra tienda. Es un taller grande, con maquinaria de todo tipo, y creo que estaremos bastante cómodos aquí dentro de poco.

En cuanto a los precios de los artículos: compré un hombro de cordero en el mercado por doce centavos; también papas a un centavo cada una (100 centavos = un dólar). Manzanas, peras y duraznos a dos y tres centavos cada una. El pan cuesta dieciséis centavos el pan de 2 libras; el azúcar, 8 centavos la libra; el té, igual que en casa; el queso, cincuenta centavos la libra; el tocino, setenta y cinco centavos la libra; una lata de salmón, etc., setenta y cinco centavos; la manteca, lo mismo. Un traje que en East Street se compra por 35 chelines, aquí en una tienda barata cuesta £7 10s.; un sombrero de 5 chelines y 11 peniques se vende aquí por siete dólares cincuenta centavos. Me ofrecieron una cama de hierro usada y común por cuarenta y seis dólares. Rechacé la oferta, conseguí madera rústica en un depósito por £2 (dieciséis dólares) y armé un par de camas toscas para no dormir en el suelo húmedo. La parafina o kerosene cuesta veinticinco centavos el cuartillo. El carbón vegetal para la estufa, un dólar y medio el bushel. En realidad, lo único barato aquí es la carne y el té, pero las piernas y hombros de cordero pesan solo dos o tres libras. Casi todos los demás artículos tienen un precio enorme; en realidad, los periódicos en los que la mayoría de nosotros basamos nuestras esperanzas en Southampton y otros lugares, y las historias plausibles que nos contaron, no son más que una sarta de mentiras, un fraude vil, despreciable y cruel, como cientos de estas pobres personas (tanto ingleses como irlandeses) han descubierto a su costa.

Es cierto que hay trabajo suficiente, pero la paga no guarda proporción con el costo de la vida. Un peón aquí gana solo alrededor de un dólar por día. Un pintor inglés ha entrado a trabajar en nuestro taller por dos dólares diarios. Muchos hombres trabajan en los nuevos muelles, canteras de piedra y estancias por un dólar y medio o dos dólares. Un hombre soltero puede vivir bastante bien con eso, pero usted puede imaginarse lo que significa para un hombre con familia.

Si usted, querida señora, oye que alguien piensa venir aquí, por el amor de Dios, intente disuadirlo. El país está invadido de alemanes, italianos, franceses, etc., y ellos han bajado el precio de la mano de obra a lo que le he dicho, y siguen llegando a razón de unas 2.000 personas por semana. Un inglés no tiene ninguna posibilidad aquí a menos que consiga trabajo con un patrón o capataz inglés, o a menos que hable el idioma. Sobre todo, que nadie venga si no trae dinero suficiente para cubrir sus gastos (que son muy elevados) hasta conseguir trabajo. Lo escribo con sentimiento.

Dejo mis impresiones sobre el país, etc., para mi próxima carta. El clima es simplemente espléndido, y doy gracias a Dios de que nuestra salud —hablo ahora de mi propia familia— es perfecta y nuestro ánimo es bueno. Creo que nos irá bien con el tiempo, en cuanto nos organicemos un poco y nos acostumbremos a las distintas circunstancias en las que nos encontramos. Las personas con las que hemos tenido contacto hasta ahora, ingleses y otros, han sido sumamente amables y dispuestas a ayudarnos de todas las formas posibles, y con perseverancia y determinación para superar los obstáculos, realmente creo que la fortuna que espero encontrar cuando regrese a Southampton, aunque todavía lejana en el futuro, no es del todo inalcanzable.

Pensamos a menudo en todos ustedes y confiamos en que gozan de buena salud y prosperidad. Estaremos más que agradecidos por cualquier noticia suya y de los acontecimientos que ocurren a su alrededor, pues todavía no nos hemos desprendido de las viejas asociaciones y el sentimiento del hogar sigue presente, de modo que puede estar segura de que cualquier comunicación será muy bienvenida. Y ahora, si su paciencia le ha permitido leer hasta aquí, me despido una vez más con los más cordiales saludos para todos, recuerdos a todos mis antiguos compañeros y con la grata expectativa de recibir pronto noticias suyas y de todos ustedes.



20 APR 1889 - SOUTHAMPTON OBSERVER CARTAS IMPORTANTES DE EMIGRANTES DE SOUTHAMPTON A BUENOS AIRES

The following letter, written by a former well-known resident of Southampton who emigrated to Buenos Ayres some three months ago, and addressed to a friend in Southampton, has been handed to us for publication in the *Southampton Observer*.

Buenos Ayres, 10th March, 1889.

"Dear Mrs. ———, You will, no doubt, be expecting a communication from us exiles, with news as to how we have progressed hitherto, and with an account of our voyage, &c., a faithful record of which I have kept in my pocket-book, chronicling the various events, interesting and otherwise, as they took place, and which I take leave to keep there until my next letter, which shall shortly follow this one. I must in this one confine myself to events since our arrival here, pausing only to express our deep gratification at the splendid farewell accorded us at Southampton Docks, when we bade farewell to so many kind friends, and also the old country, but I was sorry not to be able to distinguish yours amongst the many thousands of faces assembled there. I very much regretted this, as I should much have liked to have seen so dear a friend at the very last. We had a splendid voyage (the particulars of which you are to have later), and dropped anchor in the river La Plata at 1 p.m. on the 15th February, and disembarked on the 16th at 10.50 a.m. in a small river steamer, in which we had another fourteen miles to come. We saw the *Atrato* in quarantine, which we fortunately escaped, having a clean bill of health, and arrived at the landing-stage (can't call it a pier) about 1 p.m., and were then conducted to what they call the Immigrant's Hotel, the most filthy, miserable place it has ever been my lot to live in. There had been 4,000 Italians landed in the two days before we came, the place was full, and as we were not expected for several days, there was no provision made for us, and no accommodation of any sort. They managed to get us some food about 6 in the evening, and that is about all the attention we received. We had nowhere to sleep, and nowhere to go; in fact, it would not have been possible to go far safely. Lots of the women and children passed the night on the tables and forms in the dining shed, hundreds of us on the pavement of the open yard, hundreds of others walked the streets; everybody was hungry, wretched, but fortunately not cold. The next day we managed to get under shelter, a number of the Italians having left; we seized their vacant berths (miserable wooden affairs, something after the pattern of the ship berths, but without mattress or anything), and as, of course, our bedding had been left with our other baggage on board the *Dresden*, and did not reach us until the following Thursday, we had to make the best of it, and bad was the best. We had rats, mice, bugs, fleas, and those other most unmentionable abominations with grey backs, and a wonderful liking for human bodies. Ugh! I won't tell you any more about this filthy place. Bad as it was, we had to remain there until we got places to go to, or rooms at hotels, which of course the vast majority of us could not afford. The single women and girls were caught up at once, as also the single men, most of them. I had not much difficulty in finding work, but the pay is nothing like what we were led to expect, and lodgings for families are almost unobtainable. The sufferings of some of the women and children since landing have been dreadful, and but for the kindness of a few English and Irish residents they must have been starved, for everybody was turned out of the hotel on the fifth day, whether they had anywhere to go or not, and everyone was left entirely to their own resources. A committee was hastily formed of the aforesaid English residents, and a big cowshed provided and some clean hay for bedding, also plenty of food and tea for the women and children, milk, bread, &c., and exertions made to procure situations for them. A colonising scheme was formed, land purchased, and numbers of those who could not find any other employment were sent to it. I was strongly advised against this scheme, so remained here. I enclose a newspaper cutting (out of a paper printed here in English, *The Standard*), which speaks of our arrival here, and how happy we are. But I fear, dear Mrs. ———, that all these disjointed, miserable details will weary you, and, no doubt, you have heard already something of all this, for some of our party went back by the very next ship they could get. I think all of us are provided for now in one way or another. My brother got a berth as foreman bricklayer on a new railway in Córdoba, about a thousand miles up country. This was through the recommendation of Viscomte de Bondy, the French ambassador, with whom his eldest daughter is gone to live. His next eldest girl is here with the head clerk of the firm under whom he is employed, and Charlie, the son, is with me in the same shop, and lives with me. I myself, as I before said, had not much trouble to find work for myself and him, but oh! such a trouble to get a place to live in. My employer, an Englishman by the way, sent a man who could speak Spanish with me to hunt up a place, and we tramped about for two days without success; no one would take in children at any price; that is the custom here. At last we came across this place in which I am writing: two little rooms, a small charcoal stove cooking-place, and a back yard about 8 ft. by 8 ft., and for which I have the privilege of paying 34 dollars a month. I have not a shelf, cupboard, or anything, not even a nail to hang my hat up for this sum. The floors are brick, and damp, but the water is good, and that is a blessing here, and the place is to ourselves, and no doubt we shall make it more comfortable as soon as I can get rid of the debts I have been compelled to contract. All rents here are paid in advance, and by the month, and I must confess I was almost stranded, and mentioned that fact to my new employer, who, without the slightest hesitation, handed out the sum I needed. My pay is three dollars a day, paid fortnightly; that is about the best pay here. A dollar is at present worth 2s. 6d. Charlie gets 2½ dollars, and we have to supply our own benches to work on, our own cramps, glue pots, &c., and these things are more than ten times the price for which you can get them at home. There are several Englishmen in our shop. It is a large one, with machinery of every description, and I think we shall be pretty comfortable here presently. Now, as to the price of articles. I bought a shoulder of mutton in the market here for twelve cents; also potatoes at a cent each (100 cents to a dollar). Apples, pears, and peaches two and three cents each. Bread sixteen cents a 2 lb. loaf; sugar 8s. a pound; tea, same as at home; cheese, fifty cents a pound; bacon, seventy-five cents ditto; a tin of salmon, &c., seventy-five cents; butter, ditto. A suit of clothes, which you could buy in East-street for 35s., you may get here in a cheap shop for £7 10s.; a 5s. 11d. hat is sold here for seven dollars fifty cents. I am offered a secondhand common iron bedstead for forty-six dollars. I turn from that offer and get some rough wood from a yard here, and for which I pay £2, or sixteen dollars, and knock up a couple of rough bedsteads, just to keep us off the damp floor. Paraffin or kerosene twenty-five cents a quart. Charcoal, for our stove, a dollar and a half a bushel. In fact, the only things cheap here are meat and tea, but, as to the legs and shoulders of mutton, they only weigh two or three pounds. Almost all other articles are an enormous price; in fact, the papers on which most of us founded our hopes, at Southampton and other places, and the plausible tales told us, are nothing but a tissue of falsehoods, and a mean, contemptible, and a cruel fraud, as hundreds of these poor people (both English and Irish) have found to their cost. Granted, there is work enough, but then the pay is nothing compared to the price of living. A labourer here only gets about a dollar a day. An English painter has gone on to work at our place for two dollars a day. Numbers of men have gone to work at the new docks, the stone quarries, and farms for a dollar and a half or two dollars. A single man can live here very well on that, but you can at once see what it means for a man with a family. If you, dear Madame, hear of anyone likely to come here, do, for God's sake, try and prevent them. The place is overrun with Germans, Italians, French, &c., and they have brought the price of labour down to what I have stated, and they are still coming at the rate of about 2,000 a week. An Englishman has not any chance here except he can get work with an English employer (or foreman), or except he can speak the language. Above all, don't let anyone come unless they have money enough to meet their expenses (which are very heavy) prior to their obtaining work. I write this feelingly. I must leave my impressions as to the country, &c. until my next. The climate is simply splendid, and I am so thankful to say that our health—I speak now of my own family—is perfect, and our spirits good. I believe that we shall do well after a while, as soon as we get a bit straight, and more used to the different circumstances in which we find ourselves placed. The people we have as yet come in contact with, English and others, have been most kind and ready to help us in every possible way, and with perseverance, and a determination to overcome obstacles, I really think that the fortune I am to return to Southampton to find, though still in the far distant future, is not altogether unattainable. We often think of you all, and trust that you are all in good health and prosperity, and shall be more than grateful for any news of you all, and of events which are passing around you, for we have not yet shaken off the old associations, and the home feeling is still hanging about, so that you may be quite sure that any communication will be most welcome. And now, if your patience has allowed you to read thus far, I take my leave of you once more, with very kindest regards to all, and remembrances to all my old associates, and in the pleasant anticipation of shortly hearing from you and of you all.

Monday, 2 February 2026

Departure from Southampton

Southampton Departure | Partida desde Southampton


ENGLISH VERSION

When the SS Dresden sailed from Southampton in January 1889, it did so quietly, without the drama that would later surround its arrival in Buenos Aires. Yet this moment marked the true beginning of one of the most complex and misunderstood migration stories of the late nineteenth century.

Southampton was not merely a port of call. It was a recruitment point, a place of selection, and a symbolic threshold between old lives and uncertain futures. From here embarked dozens of families—English and Irish alike—many drawn from the surrounding districts of Hampshire. They were tradespeople, labourers, laundresses, domestic servants, men and women accustomed to work rather than speculation. For some, like Charles and Charlotte Ware, Southampton was home; for others, it was the last familiar ground before crossing the Atlantic.

The departure was carefully staged. Contemporary newspapers describe the presence of Argentine consular officials, immigration commissioners, and representatives of the Norddeutscher Lloyd line. Emigrants were addressed on deck, reassured that passage costs would be advanced by the Argentine government and repaid later through structured instalments. Employment, housing, and food were promised upon arrival. In these early accounts, the scheme appeared orderly, generous, and benevolent—an example of modern, state-supported migration.

From Southampton, the Dresden proceeded to Queenstown (Cobh), where the largest contingent boarded: more than a thousand emigrants from Limerick, Clare, Dublin, and the Irish Midlands. Together, these groups formed one of the largest single assisted-emigration movements ever undertaken to Argentina.

What followed is well known: overcrowding in Buenos Aires, improvised shelters, illness, death, and the ill-fated attempt to relocate many families to the agricultural colony of Napostá. But focusing solely on the collapse risks obscuring something essential. The people who boarded the Dresden were not passive victims or “undesirable emigrants,” as later narratives would suggest. They were families making rational decisions in a world marked by economic pressure, land insecurity, and limited opportunity.

Some returned. Some re-emigrated. Others dispersed across Argentina, Britain, Canada, and the United States. The Southampton connection reminds us that the Dresden was not an endpoint, but a node—one moment within longer trajectories of movement, adaptation, and survival.

To begin the story at Southampton is to restore dignity to its protagonists. It allows us to see the Dresden not only as a failed migration experiment, but as the starting point of many lives that continued, transformed, and endured well beyond the shadow of that single voyage.

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VERSIÓN EN ESPAÑOL

En la noche del 23 de enero de 1889, el vapor SS Dresden zarpó del puerto de Southampton rumbo a Buenos Aires. Era un barco nuevo, imponente, recientemente construido en los astilleros de Govan, y navegaba bajo el mando del capitán H. Bruns como parte de la flota de la Norddeutscher Lloyd. A bordo viajaba un primer contingente de 245 emigrantes, en su mayoría familias del sur de Inglaterra, seleccionadas dentro del nuevo programa de emigración asistida del Gobierno argentino.

La escena del embarque fue solemne y cuidadosamente organizada. Funcionarios consulares, representantes diplomáticos y el propio comisionado jefe de emigración europea, Samuel Navarro, estuvieron presentes. Antes de la partida, los emigrantes fueron reunidos en cubierta y se les explicó el funcionamiento del sistema de pasajes adelantados: el Estado argentino financiaba el viaje, que luego sería devuelto mediante cuotas firmadas en Buenos Aires por los jefes de familia. Todo parecía indicar que se trataba de un proyecto serio, planificado y respaldado al más alto nivel.

Desde Southampton, el Dresden se dirigió a Queenstown (actual Cobh), donde embarcaría el grueso del pasaje irlandés. Allí subirían entre 1.300 y 1.500 personas provenientes principalmente de Limerick, Clare y Dublín. La prensa de la época describió las disposiciones como “excelentes”, destacó la buena provisión de alimentos y subrayó que prácticamente no se registraron quejas durante el embarque. Incluso se relatan aplausos y agradecimientos dirigidos a los representantes argentinos al momento de la partida.

Sin embargo, otras crónicas contemporáneas —especialmente desde ciudades inglesas como Portsmouth— ofrecen una imagen menos optimista. Relatan familias empujadas por la falta de trabajo, hombres que abandonaban oficios duros pero estables, padres que vendían la ropa de sus hijos para poder pagar un depósito mínimo. Para muchos, la emigración no era tanto una oportunidad como una huida desesperada: “no puede ser peor que aquí”, decía uno de ellos antes de partir.

La partida del Dresden desde Southampton marca así el inicio de una historia compleja. Bajo una apariencia de orden, optimismo y promesas de prosperidad agrícola, comenzaba un viaje que pronto pondría en evidencia la distancia entre el discurso oficial y la experiencia real de los inmigrantes. 

Este fue el primer acto de una trama mayor, en la que expectativas, políticas públicas y vidas concretas quedarían profundamente entrelazadas.





Friday, 30 January 2026

The Southampton Connection – The SS Dresden and a Forgotten Journey (1889)

In January 1889, the steamship SS Dresden left Southampton carrying 250 of emigrants bound for Argentina. Among them were families from Hampshire, whose stories are now slowly being reconstructed through newspapers, passenger lists, and private letters.

Recent research has brought to light a remarkable letter published in 1889, written by C. & C. Ware, former residents of Southampton, addressed to John Clarke of Woodmill Laundry, Portswood. Writing from Temperley, Buenos Aires Province, they describe starting a laundry business shortly after arrival, their first customers, the difficulty of roads and transport, and the networks of local support that helped them settle.

photo credit: Colin Lee | Southampton Heritage Photo

LIFE IN THE ARGENTINE REPUBLIC

WHAT HAMPSHIRE IMMIGRANTS THINK OF IT

The Hampshire Independent, July 27th 1889 (*)

We have been favoured with letters received from former residents of Southampton by friends in the “old country,” from which we call some interesting particulars as to the experiences of some who have started a new career in the Argentine Republic.

One of the letters, from “C. and C. Ware,” addressed to Mr. John Clarke, Woodmill Laundry, Portswood, and dated from Temperley, F.C.S., Buenos Ayres, says:

“We started our laundry this week, and got through satisfactorily, for all we had to manage without the copper, for a native built it, and didn’t he take his time about it! He commenced Monday morning and finished on Wednesday afternoon, but he made a good job of it.

All the young people round are so interested in it; they have never seen such a thing before, nor a lot of the grown people either.

We are getting nicely settled now. We had a start last week. Mr. B——— sent his coachman round with C——— with his trap to pick up the linen, and again yesterday to deliver it, and the people were so pleased with it; all of them have never seen such ironing as mine.

Mr. B——— bought a light cart for us on Friday, and he has a horse and a set of harnesses for us of his own. You cannot do much out here without a horse and cart, for the roads are awful. Directly there is any rain they are all mud. You put your foot down in a place where you think it is nice, and in you go up to your knees in a crack. The poor horses and oxen often get stuck in the bad places. Some roads cannot be used in wet weather.

All the ladies round are very much interested in us; it is a good thing they found some in the Dresden that would try to get on, for they are almost TIRED OF TRYING TO HELP THE IRISH, for so many were fit for nothing but to drink and smoke and beg for money. I don’t think any of us would have been in the Emigrant’s House so long if it had not been for them, for directly a lady or gentleman showed themselves we got very nearly knocked down if we were near enough to speak to anyone.

I am glad to say it is all over and the place begins to feel more homely, especially now I am doing the work in my own way. We are all ever so much better since we came to Temperley.

The bread is not staying enough; besides, it is eight cents for a small loaf, and they bake them so. I wish very often that I had brought a sitting or two of eggs with me. You can set the hens all the year round here. A lady that I work for came to see me last Sunday, and she advised me to KEEP POULTRY, for the people have such trouble to get eggs. They were 40 cents the half-dozen a little while ago, and I expect they are more now that the winter is on.

I think it a very good start indeed, and we are very pleased with it ourselves. It does not cost us anything for firing, and it will not for the horse’s food, as they turn them out when not working. There is such abundance of grass, and we have a nice field of clover to put our horse in.”

The writer was found in the SS Dresden passenger list as: Charles and Charlotte (C & C Ware) as fathers and Annie, Charles and Alfred as their kids.

This letter is especially important because it:

  • Confirms the presence of Southampton emigrants from the Dresden in early Temperley

  • Shows how skilled trades allowed families to rebuild quickly

  • Describes daily life, food prices, roads, poultry keeping, and relations among immigrants

  • Offers a rare, unfiltered voice of emigrants only weeks after leaving England

At the same time that the story of the SS Dresden has long been told as one of failure — collapse, broken promises, hunger, and displacement — individual family trajectories invite us to rethink what this episode actually meant, both then and afterwards.

A particularly revealing case is that of Charles and Charlotte Ware, who travelled from Southampton aboard the Dresden with their children. Far from being migrants without skills or support networks, Charles already appeared in the 1881 British census as a laundryman in South Stoneham, Hampshire. Charlotte, née Clarke, came from a family closely connected to the laundry trade in the Portswood area. This combination of transferable skills and family networks helps explain not only the letter written from Temperley, Buenos Aires, describing the opening of their own laundry business, but also a longer and more complex migratory trajectory.

After their time in Argentina, the Ware family returned to England and resumed their trade in the Southampton area, as confirmed by later census records and numerous newspaper advertisements linked to Woodmill Laundry. Even more suggestive is the appearance of their son Martin Alfred Ware, recorded as having been born in Canada — strongly indicating that the child listed as “Alfred” on the Dresden passenger list is the same individual, and that the family had already experimented with migration to North America either before or after their Argentine experience.

This case highlights a crucial point: prosperity did not always take the form of immediate success within an agricultural colony. Instead, it often emerged through mobility, adaptability, and the ability to transfer skills across borders. For families like the Wares, the Dresden was not the end of the story, but one chapter within a much broader transnational life history.

Revisiting the Dresden through these personal narratives allows us to move beyond a monolithic interpretation of failure. It reveals lives shaped by repeated attempts, returns, and reinvention — trajectories in which even difficult experiences became part of longer processes of survival, learning, and, ultimately, continuity.

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Newspaper reports from Britain, Ireland, New Zealand, and Argentina also show how closely this migration was followed abroad, especially after the failure of the Napostá colony, where many Dresden passengers were initially sent. While some returned to Europe, others — like the Wares — re-emigrated internally, finding work and stability near Buenos Aires.

We are currently cross-referencing:

  • SS Dresden passenger lists

  • Southampton and Hampshire census records

  • British Newspaper Archive reports

  • FamilySearch and Ancestry records

If you have family letters, photographs, shipping, census, or parish records and/or stories passed down about relatives who went to Argentina — especially from Southampton / Hampshire between 1888–1895 — we would love to hear from you.

CONTACT US

This is an open, ongoing research project, and the Southampton connection is proving to be a vital piece of a much larger Atlantic story.




* (Content provided by THE BRITISH LIBRARY BOARD. ALL RIGHTS RESERVED)

Wednesday, 14 March 2018

Bolster Family

Dear Juan Pablo,

I only recently discovered that my grandfather and his parents, brothers, and sisters were part of the "Dresden Affair".They travelled from Ireland with eight children, ranging in ages from 14 to 2 years old.

Here are their names from the passenger list at the Immigrant Ships Transcribers Guild (http://immigrantships.net/irish_arg/irish_arg1889a.html)

788 Bolster George 38 m carpenter l 16 [my great-grandfather]
789 Bolster Mary 39 m dressmaker l 16 [my great-grandmother]
790 Bolster Elizabeth 14 s misstress l 16
791 Bolster Richard 13 s l 16
792 Bolster William 11 s l 16
793 Bolster George 9 s l 16
794 Bolster Annie 7 s l 16
795 Bolster Thomas 5 s 16
796 Bolster Robert 4 s 16
797 Bolster Joseph 2 s 16 [my grandfather]

Interestingly, they came from a different social background to most of the passengers on the Dresden.

Originally, they were both from the Protestant land-owning class. They married without their families' permission and against their wishes, and as a result were "cut off" and had to adapt to working in trade to make a living and provide for their (large) family.

From what I can see, there were several other members of the Bolster family living around Buenos Aires before the Dresden arrived. Certainly they come from the same parish in County Cork in Ireland, and were members of the British/Irish Protestant community in Buenos Aires. So perhaps my ancestors had been in contact with their emigrant relations and found them more liberal and less intolerant than their own families at home? Or perhaps they simply heard the wonderful tales that were being broadcast by the agents of the 'Dresden Affair', and fell victim to the dream of a better life, like so many of their compatriots.

However, I suspect they may have gone to Napostá. I base this on one thing - as a small child, my mother's Aunt Annie told her stories about how they had trekked in wagons across a long distance through open prairies and wilderness. It must have been a long journey, as my aunt remembered how they had animals with them that were killed for food on the journey, and also that my great-grandmother made soap and candles with the fat from these animals (and suffered chemical burns on her hands from the lye used in the process - my mother's aunt told the story that my great-grandmother had been born a 'lady' so her hands were white and spotless before going to Argentina, but after the chemical burns she always wore gloves when in public). Unfortunately, my mother didn't ask more questions (she was only a child and didn't realise it might be important, and of course everybody who knew the facts is now dead).

Anyway, wherever they went in Argentina, it wasn't a success, and in 1891 they sailed on the Helvius and returned to Ireland. (Again, according to my mother's aunt) they had a child in Argentina, but he/she didn't survive. It must have been a very emotional time for them to decided to return.

I have nothing linking them to Argentina other than the passenger lists and the stories my mother heard as a child. I only discovered the whole Dresden story through your website and SILAS. I wish I could find out more, and intend to do more research to see if I can discover more about what they did while they were there, and if they did indeed form part of the ill-fated expedition to Napostá.

The irony is that I took my son to Buenos Aires only a couple of years ago, and at that time we knew nothing about our family connection via the Dresden. We shall have to return before too long!

Anyway, I thought I would get in touch, and add another story to your collection. If you ever find more records pointing to Napostá and other Irish settlement, I will read about it with great interest!


Kind regards
Hugh (Bolster) Grant


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Whitepages in Argetina says that there are only 3 Bolster living in Buenos Aires city:

- Bolster Eduardo A - Monserrat, Ciudad de Buenos Aires
- Bolster Haydee M De - Flores, Ciudad de Buenos Aires
- Bolster Yolanda B  - Flores, Ciudad de Buenos Aires


Tuesday, 8 July 2014

Artículo The Southern Cross – Julio 2014

La historia del Dresden

La historia del SS Dresden y sus inmigrantes comienza en Enero de 1889, casi un mes antes de la llegada del barco, anunciada ya por el agente de propaganda argentina en Dublín, Buckley O’Meara.

A partir de ese momento, los medios empiezan a informar que llegaban a Buenos Aires 250 familias ó 1500 inmigrantes desde Irlanda e Inglaterra.

La historia quedó registrada por los medios de la época. La cobertura durante el primer año de los diarios The Southern Cross, The Standard, Buenos Ayres Herald, La Prensa y La Nación, la cuentan con mucho detalle.

Pero el tiempo fue pasando y con su paso la fue tapando.

No pasó mucho al respecto hasta que Thomas Murray en 1919 publicó “The Story of the Irish in Argentina”, un gran trabajo de investigación y recolección de noticias, libros, cartas y relatos de los Irlandeses en Argentina desde la llegada del hombre blanco al territorio actual, hasta finales del siglo XIX. En su libro, Murray menciona el caso del SS Dresden y cuenta la historia con algunos detalles que luego devienen en errores que se van a repetir hasta hoy.

Pasaron los años y otra vez el tiempo fue tapando la historia con otras historias. Pero, una copia del libro de Murray quedó en las oficinas de The Southern Cross y llegó sana y salva y con todas sus hojas a 1999.

En ese año, Mike Geraghty tenía que escribir un artículo para publicar en el Buenos Aires Herald, unos días antes del día de San Patricio. En su investigación dio con el libro de Murray y con la historia del SS Dresden. De la unión nació “Argentina: Land of Broken Promises”, un artículo que sacó el libro del cajón y revivió la historia de los inmigrantes que vinieron en el SS Dresden ciento diez años después.

Luego de haber sido publicado, el artículo fue reeditado por la Society for Irish Latin American Studies (SILAS) y replicado en varios artículos relacionados con la historia de la inmigración irlandesa.

En esta cadena me encontré, al final del eslabón, con el artículo de Mike Geraghty y la lista de los inmigrantes que venían en ese barco (entre estos mi supuesto tatarabuelo James Pearce).

SILAS fue el punto de encuentro de la historia conmigo y fue también el marco donde empecé a trabajar para ahondar la historia.

Así fue que empecé a juntar las noticias de los diarios de la época y me hice de un buen número de ellas para profundizar un poco más los detalles. Encontré así detalles que no coincidían tal como estaban en la nota de Geraghty, pero que sí tenían algún punto de referencia que la validaba.

Acá empieza la etapa que llamo la “de los descendientes”, y la llamo así porque fue gracias a ellos que empezaron a aparecer detalles para nada menores en la historia.

Primero me encontré con Anne Miles. Ella vive en Inglaterra y me contactó en 2007 porque existía la posibilidad de que fuéramos parientes. Menuda noticia. Ella era nieta de Daisy May Pearce, la pequeña de 6 meses que vino en el SS Dresden junto a sus padres, James y Mary Jane. Ella hizo una maravillosa investigación y probó que James había muerto a poco de llegar y Mary Jane y Daisy volvieron a Inglaterra y allí se quedaron por el resto de sus vidas. Con esto probábamos, no solo que no éramos parientes, sino que mi tatarabuelo no era el James Pearce del SS Dresden.

Poco después, gracias a Peter Mulvany, uno de los descendientes y socios fundadores de SILAS, fue que di con otro pequeño detalle gigante. El nombre del barco no era el “City of Dresden”. El nombre correcto era el “SS Dresden”. Y si bien parece un detalle menor, cualquier hijo de vecino que quiera buscar a sus parientes en el barco City of Dresden (el de verdad), los va a encontrar como una pequeña tripulación de marineros en Nueva York, navegando en un pequeño barquito por las costas de Manhattan, que claro está, nada tenía que ver con el gigante de casi cinco mil toneladas.

Y fue así como poco a poco, la historia que me iba haciendo del ahora SS Dresden, iba cobrando otra forma. Una forma con más detalles y sobre todo, más matices.

Y fueron llegando más e-mails de descendientes.

Y me empecé a preguntar, qué hago? Si mi pariente no vino en ese barco, por qué habría de darle, de regalarle, mi tiempo a esta historia?

Quizás porque la abracé y ella me abrazó a mí y dejarla no era grato. Quizás porque no me gusta para nada la idea de que vuelva a quedar olvidada y tapada otros cien años. Quizás porque soy curioso y quiero saber qué pasó. Quizás porque siento un compromiso con los que me contactaron buscando información. Quizás porque vivir el rencuentro de dos primos segundos (compartían el mismo bisabuelo) que no se conocían, tocándome a mí ser el nexo vinculante, fue una experiencia enorme y única. Quizás por todo. Quizás por más.

Creo que todo sumó, todo se alineo de manera tal como para no dejarla dormir en el cajón de los recuerdos, sino más bien, todo lo contrario, dejarla viva y dando vueltas arriba de los escritorios, en los monitores de la computadoras y las tablets o smartphones, y por qué no, en los medios de comunicación.

Pero cómo? Cómo se hace?

Bueno, lo primero que se me ocurrió fue hacer un documental. La excusa era exponerlo en un Congreso de Estudios Migratorios que organizaba SILAS en México en 2009. Y allá fuimos, hicimos un documental con mi mujer y mis primos para exponer esta historia con los nuevos detalles y avances de la investigación a partir del aporte de los descendientes.

La idea de un documental iba a darle un influjo de vida a la historia, por supuesto impulsada por la magia de Internet.

Pero faltaba más. Faltaba darles a los descendientes un lugar protagonista como constructores de la historia. Y ahí empieza a tomar más forma el proyecto “Los descendientes del Dresden” que impulso hoy.

Ese fue el título que elegí porque las palabras juegan de una manera interesante, para que en el mismo barco viajen, no solo los inmigrantes de 1889, sino sus descendientes también, y que todos juntos nuevamente sigan navegando.

El objetivo del proyecto es sumar a los descendientes desde lo organizativo, desde lo editorial, desde donde sea que quieran participar. Y por supuesto cada uno con su historia.

Y llega un punto en esta maraña que las historias se cruzan y las vidas también. Así los Ryan se cruzaron y se encontraron con Roberto, con Ken y con Tiffany, unos aquí en Argentina, otros en Irlanda, en diferentes condados. Con detalles de la historia que los involucran con la participación en la guerra de la Triple Alianza, que vienen y que van de Irlanda a la Argentina, y con familiares que se conocían por otros menesteres pero no por como “parientes”. Y junto con los Ryan están los Gaineys.

También está Anne Miles, mi gran pariente que no fue. Madre y abuela reciente, investigadora por naturaleza y docente por vocación. Ella es y sigue siendo un pie fundamente en esta historia porque así como el Dresden trajo el mayor contingente de irlandeses al país, también trajo en el mismo barco, el mayor contingente de ingleses. Entonces ella es hoy la base del proyecto en Reino Unido.

También está la historia de Peter Mulvany (McCarthy) con sus primos segundos, quienes se conocieron por una casualidad gracias a Stella Maris Taddio. Stella es madre de un descendiente argentino de los McCarthy que vinieron en el Dresden. Su hijo, Javier McCarthy, se fue a vivir a Estados Unidos y le pidió a ella que investigue la historia de su familia paterna. Y la mamá se encontró con una historia gigante justo atrás del mascarón de proa de la fragata Libertad. Ella buscando información para una de sus pinturas la historia del mascarón de proa, se encontró con la distinción que la Armada Argentina le hacía a Peter como sobrino nieto del único argentino muerto bajo bandera irlandesa en la segunda guerra mundial luego de que un submarino alemán hundiera su barco. Peter es hoy la base del proyecto en Irlanda.

También Stella Zuccarelli, bisnieta de Mary Anne Stephens, quien sigue atrás de todo lo que vamos publicando desde 2005 porque “quiere saber de dónde vienen sus raíces”. Ese querer saber, tan simple y sencillo, pero que en este caso cuesta tanto, tanto esfuerzo en buscar y encontrar detalles de noticias, en las cartas de descendientes que puedan darnos otra idea u otros detalles, en fotos y por sobre todo, en esas historias de familia que llegan hasta hoy.

También está Jorge Nealon, de Mar del Plata. Uno de los primeros en aparecer y contar su historia. Sus dos bisabuelos John Nealon y Theresa Foley vinieron en el Dresden con 9 y 2 años respectivamente. Lazos que juntó el Dresden y que años después devinieron en hijos, nietos y bisnietos.

Pero también están los Bourke, los Bolster, los Treacy, los Rochford, los Reilly, los Dempsey y muchos otros que me contactaron hasta ahora y que también quieren saber qué pasó y sobre todo si tienen parientes por Argentina dando vueltas.

Es por esto que quien sepa que sus antepasados vinieron en este barco, puede participar no solo contando su historia, sino también poniéndose en contacto con otros descendientes y encontrar otra parte de la historia de la familia que no conocían.

Todas estas historias ayudan a que los interesados/participantes sepan más de la historia y conozcan de la vida de estos inmigrantes, qué fue de ellos y qué fue de sus descendientes.

Actualmente el proyecto cuenta con el apoyo de las siguientes personalidades e instituciones: Tánaiste y Ministro de Relaciones Exteriores y Comercio de Irlanda, Sr. Eamon Gilmore TD; el Sr. Concejal Máirtín Ó Muilleoir, Alcalde de Belfast; el ex Ministro de Educación Irlandés Seán Haughey; la Society for Irish and Latin American Studies (SILAS); la Embajada de Irlanda; el Consejo de la Comunidad Argentino Británica (ABCC); la Asociación Canadiense de Estudios Irlandeses (CAIS); Marino Local History Society; The Admiral Brown Society Foxford; The Maritime Institute of Ireland; la Comunidad Irlando-Uruguaya y la Clotarf Historical Society.

Búsqueda de Descendientes

A continuación detallamos las familias que nos contactaron y que están buscando descendientes de las familias en Argentina:

Familia Bourke: Carta de la Sra. Margaret Lyons (Nee Bourke) del condado de Limerick al Sr. Peter Mulvany luego de la publicación en el Limerick Leader de su artículo sobre el SS Dresden y el Proyecto de los Descendientes del Dresden: "En respuesta a su carta en el Limerick Leader la semana pasada en relación con los emigrantes que se embarcaron en el SS Dresden en Cobh hacia Buenos Aires en 1889. Soy la nieta de Louis Bourke, quien fue uno de ellos. Me dijeron que su esposa murió y que se llevó a todos sus hijos con él. Luego, un pariente me dijo que su esposa se fue con él. De esto no estoy muy segura. Un amigo mío buscó en la computadora y encontró los nombres de las personas que fueron. Llegaron el 15/2/1889. Louis Bourke (padre), Ellen, John, Mary, Patrick, Kate, Margaret y James. Louis (el padre) se volvió y trajo con él a su hijo John . Se volvió a casar y mi padre (Tom) fue su hijo. El resto de la familia se quedó en Buenos Aires. No sé nada de ellos. Debe haber unos pocos descendientes aún por allá. Mi padre murió en 1977. A menudo hablaba de su familia en América del Sur. Mi padre nació en 1901, por lo que mi abuelo regresó al menos uno o dos años antes de esa fecha. Mi padre solía decirme que su padre había trabajado en algún rancho cuidando de los caballos y el ganado, cuando estuvo en Argentina."

Familia Treacy: Linda Koenig y Patricia Treacy de Estados Unidos están buscando descendientes de la familia Treacy que vino en el Dresden: los padres John y Kate Treacy y los hijos Thomas, John, Patrick, William, Edmund, Kate y Johanna. En el blog hay es post especial de esta familia con más datos.

Familia Ball: Hace muy poco, María Ball participó de un programa de genealogía emitido en RTÉ. A partir de ahí los primos de María, Thomas y Lynda Ball, junto con María, nos contactaron para buscar familiares de la familia Ball que vino en el Dresden: los padres Thomas y Catherine, y los hijos William, Margaret, Mary, Joseph, John, Vincent, Michael y Charlotte. Michael y Charlotte junto con su madre Catherine volvieron a Irlanda. Ella murió en a poco de llegar (1895) y los chicos siguieron viviendo en su antigua casa. En el Facebook está el video original de The Genealogy Roadshow.

The Southern Cross - Edición Julio 2014 (pág. 7)