El orfanato irlandés de Capilla del Señor y las vidas que la historia olvidó
En mayo de 1891, mientras el fracaso de la colonia de Napostá se convertía en un escándalo en los medios de la época, un diario de Buenos Aires publicó una breve frase que hoy adquiere una dimensión enorme:
the boys have been located in an orphanage in Calle Cochabamba under the care of a committee of Irish ladies.
Detrás de esa línea había niños de las familias que habían llegado dos años antes a bordo del Dresden. Habían vivido en carne propia todos esos primeros días de arribo al puerto de Buenos Aires, habían viajado al medio de la nada, solo con puesto, para montar el proyecto de colonia que prometía tierras, prosperidad y una nueva vida en la Argentina.
Algunos de estos niños habían perdido a sus padres. Otros habían sido separados de sus familias por la pobreza, las enfermedades o el abandono mismo.
Ese orfanato de la Calle Cochabamba sería el origen del Colegio Fahy.
Más de un siglo después, los nombres de algunos de esos chicos todavía pueden encontrarse en el Censo Nacional de 1895, registrados en Capilla del Señor junto a Sor Catalina de Cristo Dowling.
En el sitio de la Asociación de Señoras de San José (link del sitio) puede leerse una breve historia institucional sobre la llegada de inmigrantes irlandeses a la Argentina y la creación de una obra destinada a asistir a niños huérfanos. El texto conserva una memoria profundamente valiosa, aunque mezcla fechas, cifras y nombres.
La narración afirma que el barco llegó el 8 de febrero de 1889 y menciona al “City of Dresden”. Sin embargo, las listas de pasajeros y la documentación contemporánea sitúan el arribo del Dresden en Buenos Aires el 15 de febrero de 1889.
También aparecen exageraciones numéricas y simplificaciones inevitables en una memoria transmitida durante generaciones. Pero detrás de esas imprecisiones hay un núcleo histórico indiscutible: el recibimiento de los inmigrantes fue caótico: el proyecto colonizador de Napostá terminó en desastre, muchas familias quedaron en la miseria, familias que se separaron y disgregaron, hubo niños huérfanos o abandonados y la comunidad irlandesa y angloargentina fue la que organizó una red de ayuda concreta para asistirlos.
En mayo de 1891, el Liverpool Mercury publicó extractos del informe del vicecónsul británico Charles Ansell sobre la colonia de Napostá. El cuadro era devastador: malas cosechas, herramientas insuficientes, reducción de raciones, endeudamiento imposible de sostener y prohibiciones absurdas que impedían a los colonos salir a buscar trabajo cuando no tenían nada que hacer en la colonia.
El informe hacía referencia a 76 familias (397 personas) atrapadas en un sistema que prácticamente había colapsado. Las deudas superaban ampliamente el valor de las tierras y los colonos denunciaban haber sido tratados injustamente.
Argentina por ese entonces, entre mediados de 1889 y 1891, cae en una crisis económica fuertísima y una revolución con cambio de gobierno incluido que no hacía más que complicar todo el cuadro antes descrito.
Otro artículo del Irish Times resumía crudamente el problema:
The Argentine Government agents induced the poor people to leave home under false promises.
El sueño agrícola prometido a cientos de inmigrantes irlandeses e ingleses se había transformado en hambre, enfermedad y desintegración familiar.
Las noticias de la época mencionan además muertes por privaciones y enfermedades. La disentería aparece repetidamente en distintos testimonios vinculados a Napostá y a los primeros meses posteriores al desembarco.
Frente al colapso de Napostá, comenzó una vez más a organizarse una red de ayuda impulsada por el Consulado Británico, miembros de la comunidad irlandesa y distintas instituciones religiosas y benéficas de Buenos Aires.
Las noticias de 1891 muestran que la asistencia no fue improvisada ni marginal. Hubo reuniones públicas, colectas, campañas en la prensa y coordinación con el gobierno argentino.
En uno de los artículos más importantes de toda esta historia, The Standard relató el traslado de familias sobrevivientes a nuevas colonias en Santa Fe y Entre Ríos, y agregó un dato fue la piedra fundamental del colegio Fahy:
the Irish nuns hospitably received some of the little girls gratis, and the boys have been located in an orphanage in Calle Cochabamba under the care of a committee of Irish ladies.
La noticia permite además identificar a varias de las mujeres involucradas en la organización y financiación de la institución: Maria M. de Mulhall, Mrs. Thomas Duggan, Mrs. Hanly, Mrs. O’Farrell, Mrs. Nelson y Miss Ryan entre otras.
La red de socorro no fue solamente irlandesa. Participaron también miembros de la comunidad inglesa y figuras argentinas vinculadas al sistema migratorio y a instituciones de beneficencia.
La documentación contemporánea permite afirmar que el colegio Fahy nació primero como una respuesta de emergencia frente a la crisis de los inmigrantes del Dresden.
El 24 de mayo de 1891, The Standard publicó una nota titulada The Boys’ Orphanage donde aparece formalmente el nombre “Fahy School for Irish Boys”, ubicado en Cochabamba 146, Buenos Aires.
La publicación reproduce incluso una carta enviada por Maria Mulhall a Juan Alsina, Comisario General de Inmigración, agradeciendo una donación oficial de 4.000 pesos moneda nacional para sostener el orfanato, què aproximadamente a plata de hoy serían entre USD 60.000 y USD 70.000 (según la inflación histórica estadounidense de largo plazo).
La donación realizada por el gobierno argentino en 1891 representaba, más allá de la actualización, una suma enorme para la época como para sostener durante meses el funcionamiento del orfanato.
También se detallan los aportes económicos, los nombres de los donantes, la apertura de una cuenta bancaria y las instrucciones para solicitar vacantes para los chicos.
Todo esto muestra que el Fahy no surgió inicialmente como un colegio tradicional, sino como una institución creada para contener a niños afectados por una crisis concreta directamente relacionada con la historia del Dresden y el cierre de la colonia de Napostá.
Años más tarde, el establecimiento sería trasladado a Capilla del Señor.
Sor Catalina y el Fahy de Exaltación de la Cruz
Las reconstrucciones posteriores suelen mencionar a “Mother Catherine Dowlan” como responsable del colegio de Capilla del Señor.
La documentación de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José identifica a la superiora como Sor Catalina de Cristo Dowling, quien asumió la conducción de la casa desde abril de 1893 (https://pobresbonaerensesdesanjose.com/storage/2022/09/Exaltacion-de-la-cruz-1893.pdf).
El establecimiento fue concebido como colegio de huérfanos irlandeses, espacio educativo y casa de asistencia para chicos afectados por la crisis migratoria.
En el Segundo Censo Nacional de 1895, realizado en Exaltación de la Cruz, vuelve a aparecer Sor Catalina de Cristo Dowling acompañada por una larga lista de niños irlandeses e ingleses alojados en la institución.
Esta lista del censo de 1895 incluye decenas de chicos:
Mauricio Hickey
Miguel José Lamb
Orourk Lamb
José O’Sullivan
Timoteo Mac Namarra
Juan Ward
Santiago Ward
Miguel Murphy
Juan Farrel
José Farrel
Eugenio Carney
Ricardo Kiernan
James Nally
Francisco Caffrey
Al cruzar esos nombres con la lista de pasajeros del Dresden, comienzan a aparecer coincidencias extraordinarias.
Mauricio Hickey coincide casi perfectamente con Maurice Hickey, un niño de cuatro años que viajó junto a Michael y Kate Hickey en 1889.
Timoteo Mac Namarra parece corresponderse con Timothy McNamara, hijo de Michael y Bridget McNamara.
Los casos de Miguel José Lamb y “Orouk” son todavía más sorprendentes: en el manifiesto del Dresden aparece una familia Lamb con los niños Joseph Lamb y Orourk Lamb. La rareza del nombre “Orourk” convierte ese cruce en una coincidencia extremadamente fuerte.
También aparecen posibles correspondencias para los hermanos Ward, varios O’Sullivan y distintos chicos Murphy y Farrell.
No todos los casos pueden cerrarse documentalmente. Algunos apellidos aparecen deformados, castellanizados o mal transcriptos. Pero el patrón general resulta difícil de ignorar: los niños del Fahy parecen ser, en muchos casos, los hijos de las familias que habían llegado a bordo del Dresden.
Mauricio Hickey: una vida después del Dresden
Décadas después del censo de 1895 aparece un presbítero llamado Mauricio Hickey desarrollando actividad pastoral en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.
La Guía Eclesiástica de la República Argentina de 1915 ya lo menciona como teniente cura en Lomas de Zamora.
Más tarde aparece como párroco en Salto, impulsando obras educativas, proyectos comunitarios y la creación de una Escuela y Banda Municipal en 1929.
También dejó huella en Temperley, donde promovió instituciones parroquiales y educativas vinculadas a Nuestra Señora de la Piedad y a la futura Escuela de Comercio Tomás Espora.
Cronológicamente, todo encaja de manera notable con el niño Maurice Hickey del Dresden y con el Mauricio Hickey registrado en el Fahy de Capilla del Señor en 1895.
Todavía no apareció el documento definitivo que permita afirmar que se trata de la misma persona.
Pero la convergencia biográfica, temporal y onomástica es demasiado fuerte para ignorarla.
Un niño inmigrante posiblemente huérfano terminó convertido, quizás, en sacerdote, educador y constructor de comunidad.
Pero sus padres no aparecen en registro alguno en Argentina. Hay una pista que podría ubicarlos en Estados Unidos en un registro de un nuevo nacimiento algunos años más tarde. Serían ellos? Habrían dejado al cuidado del Fahy a Mauricio y ellos re-emigrado? Ya lo sabremos.
La historia del Fahy School obliga a mirar el episodio del Dresden desde otro lugar.
No solamente como una experiencia migratoria fallida.
Sino también como una historia de infancia, desarraigo y supervivencia.
Detrás de cada apellido del censo había un chico que atravesó uno de los episodios migratorios más traumáticos de la historia irlandesa en la Argentina.
Muchos perdieron a sus padres.
Otros quedaron atrapados entre idiomas, instituciones y mundos desconocidos.
Y sin embargo, algunos lograron reconstruir sus vidas.
El Fahy no fue solamente una escuela.
Para muchos de esos chicos, fue probablemente la frontera entre el abandono y una segunda oportunidad.

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